lunes, 28 de mayo de 2012

CRIMEN EN LA CONDESA





En este edificio sucedieron
los hechos. 
Foto: Archivo Gráfico/LA PRENSA



El destino de Perla Unzek estaba marcado por la fatalidad. La hermosa tapatía aspirante a artista, fue asesinada a balazos por su celoso novio, el checoslovaco Erwin Gurtman, ex prisionero de guerra que escapó de un campo de concentración alemán.
El crimen fue cometido el sábado 7 de abril de 1956 dentro del departamento 3, edificio 147, de las calles Atlixco, en la Colonia Condesa.
El reportero policiaco César Silva Rojas informaba que la guapa mujercita, de 20 años de edad, gravemente herida y en estado comatoso, fue llevada al Hospital de la Cruz Roja, donde una hora más tarde falleció víctima de los destrozos que en su organismo hicieron los cinco proyectiles que le dirigió el asesino.
Perla Unzek Rothaizer era amiga del actor de cine Ramón Gay, quien, por coincidencia, también murió baleado, cuatro años después, a manos del ingeniero petrolero José Luis Paganoni, ex esposo de la actriz Evangelina Elizondo.
Erwin Gurtman, tras vaciar la carga de su pistola sobre su amada, a quien remató en el suelo, cuando ella cayó herida de muerte, logró escapar después de que amenazó a la portera del edificio para que le abriera el zaguán.
Ambos enamorados tenían apenas dos meses de novios y ya hablaban de casarse. No se sabía si en él existía cariño verdadero, pero de una cosa sí se podía estar seguro, que Perla, quería formar un hogar para bien de su hermanito menor, Elías.
Este chico, quien vivía y estudiaba en Guadalajara, Jalisco, había llegado hacía una semana para gozar de vacaciones en compañía de Perla, su hermana más querida, y su destino trágico le deparó ser obligado testigo del crimen… El niño presenció todo.
La historia de los protagonistas era suficiente como para escribir un libro. La de ella, porque estaba salpicada de hechos trágicos, ya que la desgracia, desde hacía tres años, se abatió sobre su familia. La historia de él, llena de sucesos terribles durante y después de la Segunda Guerra Mundial, a la que fue, siendo detenido por los alemanes.
Perla, mujer joven, de facciones delicadas, contaba al morir 20 años de edad. Nació y vivió durante mucho tiempo en Guadalajara, donde sus padres establecieron un negocio de calzado. Ahí radicaba una de sus hermanas, Sara, quien llegó a México al enterarse del asesinato.


Perla con el actor de cine Ramón Gay
Foto: Archivo Gráfico/LA PRENSA
La bella tapatía estaba en la flor
de su edad. Aspiraba a ser actriz.
Foto: Archivo Gráfico/LA PRENSA

Tres años antes, los dos hermanos menores de la familia Unzek Rothaizer, Perla y Elías –de once años de edad- fueron testigos de una fatalidad. La madre de ellos tenía que asistir a una boda en México y salió de la Perla Tapatía en su automóvil. En el camino sobrevino una volcadura. La señora quedó ahí sin vida.
Dos meses después, su padre Elías Unzek, fue a Torreón, Coahuila, al arreglo de sus negocios y de regreso sufrió terrible accidente que acabó con su existencia. No cabía duda en 1956 que la chica victimada el 7 de abril, pertenecía a una familia de trágico sino.
Erwin Gurtman, también tenía su historia. Contaba con 30 años de edad. Muy joven y cuando su patria -Checoslovaquia- estaba en peligro, él fue a la guerra.
Su juventud no fue alegre, sino llena de sinsabores. La Segunda Guerra Mundial lo destrozó física y mentalmente. Cayó detenido y fue enviado a un campo de concentración alemán, en donde lo marcaron con el número correspondiente en el brazo izquierdo.
Se supo que se había fugado, quién sabe cómo, y estuvo vagando por varios países hasta llegar a su patria. Tiempo más tarde abandonó Europa y se embarcó para América, llegando a Estados Unidos. A fines de 1955 llegó a México.
Perla, con bastantes recursos económicos, quería ser actriz de cine y teatro. Era su pasión, su vida misma. Estudió en Guadalajara, pero como tenía aspiraciones mayores, decidió venir a México para entrar en una escuela de arte dramático. Pero su destino estaba marcado.
Por medio de amistades que le recomendaron, fue a vivir a las calles de Atlixco 147, departamento 3, Colonia Condesa, donde habitaba un matrimonio. El esposo era violinista profesional.
En tanto arreglaba su ingreso a la escuela que deseaba, para “matar el tiempo”, pues necesidad no tenía, Perla entró a trabajar a un establecimiento comercial donde se vendían bolsas y otros artículos de piel, ubicado en la Avenida Juárez, casi esquina con Revillagigedo.
Se sabía que Erwin Gurtman también trabajaba en la Avenida Juárez, probablemente en la zapatería Prado. Otros afirmaban que laboró en el mismo negocio donde lo hacía Perla.
Allí se conocieron. El le pidió que fuera su novia y ella, antes de corresponderle, pidió informes acerca de él. No podían ser mejores sus antecedentes, como se los contaron a la joven.

Erwin Gurtman
Foto: Archivo Gráfico/LA PRENSA

Luchó durante un tiempo para no enamorarse, pues su aspiración de llegar a ser artista le seducía. Empero, también pensó en su hermano Elías, ya que ellos dos, de todos los cuatro hermanos, eran los que más se querían.
Elías le había dicho que prefería vivir con ella y dejar a su hermana Sara, no porque no la quisiera, sino porque se llevaba mejor con Perla. Ella pensó que en tanto estuviera soltera no podría brindarle un lugar seguro a Elías y por ello, cuando Erwin habló de matrimonio, la desventurada chica respondió que sí.
Perla llamó a su hermana Sara y le presentó a su novio. Le contó sus planes de matrimonio, lo que molestó sobremanera a Sara, quien prudentemente le dijo que dos meses de noviazgo no eran suficientes para conocerse y dar un paso tan trascendental en la vida.
Posiblemente la joven Perla no estaba tan enamorada del todo, pero ella quería formar un hogar para su hermano. Un noble gesto que decía mucho de ella, quien llegaba así al sacrificio por cariño al menor.
Erwin residía en la casa de un amigo, en las calles de Ebro 12, departamento 16. Nandor Berstein Kleiman, comerciante en pieles, le dio cabida en su casa y aparentemente eran buenos amigos.
Los tres, Perla, Erwin y Nandor, solían pasear juntos a todas partes y daba la impresión de que Nandor estaba enamorado de Perla…
Lo cierto es que la bella joven no era la misma para con Erwin. Quizá se debía a que estaba cierta de que no le convenía el matrimonio con él. Era posible suponer que estaba arrepentida del compromiso, pero no se sabía algo en concreto.
El grupo que formaban los tres aumentó a cuatro, hacía una semana, cuando Elías Unzek Rothaizer llegó a México de vacaciones, procedente de Guadalajara, Jalisco.

Sara y Perla Unzek
Foto: Archivo Gráfico/LA PRENSA

Empezaron a surgir, cada vez con mayor fuerza, los disgustos entre Perla y el checoslovaco. La situación entre ellos era tirante y pudiera decirse que hasta molesta. Y es que el ex prisionero de guerra de los nazis era extremadamente celoso.
El sábado 7 de abril de 1956, hacia las ocho de la noche, Erwin llegó al domicilio de Perla, quien estaba con Elías. Le dijo el extranjero que iba a llevarla al autocinema. Pero ella no estaba dispuesta a pasear.
Inesperadamente le dijo Erwin que fuera con él tomándola con fuerza de un brazo y le aproximó un cigarrillo encendido a los ojos.
-Eres muy poco hombre- expresó la joven, quien accedió a pasear pero en compañía de Elías.
Los tres salieron a la calle. Allí esperaba un auto, el de Nandor. Ya completo el grupo se fueron rumbo al cinema escogido, pero nuevamente surgió el disgusto.
Las voces de los “enamorados” se alzaron en tal forma que se convirtieron en gritos destemplados.
Nandor, quien hasta aquel momento había callado, se encrespó y paró en seco al checoslovaco. “¡Bájate, Erwin, no quiero llevar salvajes. Desde ahora no vuelvas a mi casa; te corro por poco hombre y valiente con las mujeres!”, le dijo.
Erwin no hizo caso. Nandor cambió de rumbo y fueron hasta un restaurante. Bajaron Nandor, Perla y Elías. El celoso novio no quiso hacerlo. Ya dentro del restaurante, Elías regresó a poco a buscar a Erwin para que entrara con ellos. Lo halló con los ojos húmedos por las lágrimas. Regresó Elías a decirles que se negaba a entrar, y cuando de nueva cuenta fue enviado a insistirle, ya no lo encontró.
Una vez terminado el refrigerio, Elías, Perla y Nandor fueron a casa de los dos primeros, en donde se despidió Nandor.
Gotfried, el violinista, dueño del departamento, no estaba. Había salido con su esposa a pasear un poco. Eran las 22:30 horas.
Los hermanos se dispusieron a acostarse. Elías estaba en paños menores y Perla en pijama, en el baño, cuando se escucharon insistentemente toques a la puerta. No respondieron. Los llamados subieron de tono. Al fin preguntó Perla quién llamaba…
-Soy Erwin, Perla, necesito hablar contigo.
-Ya es muy tarde, mañana hablaremos. Además, estás muy grosero y puedes hacer algo malo hoy.
-Te prometo que no. No haré nada.
Perla se resistió un poco más. Un ruido tremendo se escuchó. Erwin, seguramente con la pistola, rompió el cristal que en la parte superior tenía la puerta y quiso por ahí colarse, pero no cupo.
Ante el escándalo, Perla accedió a abrir, franqueando el paso a su novio. Se encaminó él hacia la sala, seguido de ella. De pronto, Erwin sacó su pequeña escuadra y cuando la joven se encontraba frente a él, le hizo el primer disparo, en los momentos en que ella le decía: “¡No, Erwin, no hagas eso!”…
La chica, al recibir el tiro en el vientre, se fue doblando, colocándose casi de espaldas en su descenso. Otro balazo más y luego otro la hicieron rodar definitivamente.
Sin embargo, ella trató de incorporarse. Erwin, fuera de sí, se le acercó y le golpeó con el cañón del arma. Luego, la remató de dos tiros.
-¡Mátame a mí!- gritaba Elías, tembloroso.
Luego bajó a la carrera para llegar a la conserjería del edificio, para avisar que “estaban matando a su hermana”.

Elías Unzek, único testigo
Foto: Archivo Gráfico/LA PRENSA

El conserje, Sabino Cárdenas Reyes, preguntó por el responsable y Elías le dijo que “era un loco, que estaba arriba con una pistola”.
El conserje llamó a la policía mientras “el loco” amenazaba a su esposa, Concepción Martínez de Cárdenas, para que abriera el zaguán, ya que estaba asegurado con llave.
La señora, temerosa de ser asesinada, abrió para que escapara el asesino. Arriba, todo era confusión. Las 11 de la noche habían sonado ya cuando arribaron los ambulantes de la Cruz Roja para intentar el auxilio. El licenciado Fausto Giuseppe Lazcano y sus secretarios, Jorge Lara Martínez y Juan David Bernal principiaron las diligencias de ley. Esa noche no fue detenido el criminal.
El 10 de abril de 1956, se publicó en LA PRENSA que Erwin Gurtman seguramente había huido hacia Veracruz, para escapar en un barco mercante, pues tenía muchos amigos entre los marineros.
Los agentes de la Policía Judicial creían que su localización podía ser relativamente sencilla, porque hablaba mal el castellano y eso le traería dificultades.
La pistola que utilizó para dar muerte a Perla, la había robado a su amigo Nandor Berstein, su protector cuando llegó a México.
También le robó otros objetos para venderlos durante su escape.

Así fue hallada la infortunada tapatía
Foto: Archivo Gráfico/LA PRENSA

EN EL CAMPO DE CONCENTRACION

Erwin estuvo preso en Auschwitz, campo alemán de exterminio entre 1940 y 1945. En polaco, Auschtwitz es “Oswiecim”, ciudad cercana a Katovice.
Creyéndose un “adonis”, el checo enamoraba a cuanta chica de dinero conocía y horas después les proponía matrimonio.
Nandor Berstein conoció a Erwin en 1942.
-Yo estaba en un campo de concentración como tantos miles de polacos, checos y de otras nacionalidades. Erwin era un chamaco como de 14 años de edad y estaba en el colegio para albañiles del mismo centro de exterminio. Erwin no tenía familia, habían sido asesinados sus parientes. Ostentaba el número 40,000 en un brazo, no estoy seguro -declaraba Nandor a la policía.
Volvieron a verse en México y Nandor lo protegió, aunque nunca lo recomendaba en un empleo.
-Yo nunca enamoré a Perla, los acompañaba a pasear, pero me daba cuenta que la trataba como no debe hacerse con una damita. Yo quería que ella invitara a una amiga para ir al autocinema de vez en cuando.
-El día del autocinema, cuando Erwin quería quemarle los ojos a Perla con un cigarrillo, lo corrí del auto y de la casa. No fuimos al cine, sino al restaurante El Guajolote, de la Avenida Juárez; yo no había tomado alimentos y Perla y Elías tampoco, de manera que aceptaron acompañarme. En la madrugada, encontré vacía la funda de mi pistola. Erwin me había robado no sólo el arma, sino objetos. Fue maquinista naval, conoce a muchos marinos y es seguro que querrá irse en algún barco hacia Europa, para que no lo castiguen aquí por el asesinato de Perla.
En la joyería Kresch, de Avenida Juárez 14, estuvo Erwin durante un tiempo en que “nada aprendió, pues no ponía interés en el trabajo”.
En la casa Artel, de Revillagigedo e Independencia, cerca de la Alameda Central, también prestó servicios deficientes y, eso sí, procuraba proponer matrimonio a jovencitas ricas. Todo mundo sospechaba que estaba mal de sus facultades mentales, al creerse galán de cine. No se sabía a ciencia cierta su historia de cautivo de los nazis.
La policía judicial logró investigar que Erwin nació en Hrawobica, Checoslovaquia, el 16 de junio de 1931, Al estallar la guerra fue detenido y enviado a Auschwitz (de milagro se salvó), de donde fue liberado en 1945. Se fue a Europa Occidental y el 8 de febrero de 1954, después de vagar por diferentes rumbos, vivió en Amberes, Bélgica. Allí solicitó alistarse en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Lo aceptaron y le ordenaron que se trasladara a Heildeberg, Alemania, pero no lo hizo.
Después fue al mar en un buque panameño llamado “Bonito”, y en 1955 llegó a México, viviendo en la calle Toribio Medina 63.
Como los datos que proporcionaba Nandor Berstein no eran útiles, la policía hizo correr el rumor de que era “tratante de blancas y traficante de drogas”.
Agapito Hernández García, comandante de policía de San Andrés Tuxtla, Veracruz, informó telegráficamente que Erwin pasó por esa población, haciéndose pasar como George Lattos, diciéndose dibujante y hasta llegó a identificarse con un pasaporte francés, visado en el puerto de Veracruz.
Los detectives revisaron la lista de tránsito de barcos en el muelle y se supo que en el “Helving Trom” fue visto como “visitante” el prófugo. El barco noruego zarpó el 14 de abril de 1956, casi una semana después del día en que se cometió el crimen de la aspirante a actriz. Bien podría Gurtman haber escapado en ese navío hacia Europa.
El 22 de abril se informó que como cualquier turista extranjero y no como un criminal que se sabe perseguido, se paseaba Erwin durante varios días por el puerto de Veracruz.
El ridículo policiaco no tuvo nombre, pues Erwin llegó hasta platicar con varios agentes en relación con el crimen, pero sin decir, claro está, que él era el asesino.
Y es que la policía jarocha ni siquiera tenía idea de cómo era el asesino, pues las fotografías del mismo fueron enviadas con mucho retraso.
Llegó por esos días a Veracruz uno de los ridículos “retratos hablados” y lo recibió el capitán Jorge Martínez Peralta, quien sonrió al comentar que en México se decía que “los muelles estaban vigilados para que no escapara Gurtman”. ¿Cómo iban a buscar a una persona que no conocían, los policías locales?
Se supo después que en una casa de huéspedes denominada La Asturiana, varios estudiantes dijeron haber visto al prófugo Gurtman. Por las tardes se le veía en Boca del Río, sentado tranquilamente en el jardín central. Por las noches concurría a las casas donde libaba hasta embrutecerse, rodeado por meretrices.
Se decía en Veracruz que Gurtman tenía mucho “cartel” entre las mujeres que asistían a esos lugares (las engañaba con historias de nazis y torturas, de asesinatos y mutilaciones) y contó con la protección de ellas, quienes lo consideraban un “resucitado”. También le daban dinero para que “se ayudara”.
El reportero de la fuente policiaca, César Silva Rojas, entrevistó a Francisco Aguilar Santaolalla, quien enfatizó que por todos los medios se trató de capturar a Erwin Gurtman. Pero reconoció que por teléfono “describió” a Gurtman al hablar con los policías veracruzanos y en torno a la suposición de que el prófugo “se dirigía a Europa en un barco noruego, no pasaba de ser una mera especulación”…
Las investigaciones relacionadas con la muerte de la hermosa aspirante a estrella de cine y teatro, Perla Unzek, no dieron luz para epilogar esta historia, de momento; la búsqueda hemerográfica no arrojó en ese año información alguna acerca de la captura de Erwin Gurtman. Y el crimen de la Colonia Condesa, hace 56 años, amigos lectores, pasó a formar parte de nuestros archivos policiacos.

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